El Wagner posapocalíptico y ecologista llega al Real

Cuando extraes el metal sin brillo del agua y lo pones al sol estás perdido. Se convierte en oro que reluce maldito y la avaricia de ese destello, no sólo destruye a quien la persigue. También al mundo. Puede parecer un resumen de la historia de la humanidad. De hecho, lo es. Y esa era la intención de Richard Wagner al crear su obra máxima: la tetralogía de El anillo del Nibelungo. La gran alegoría del universo y la especie que lo puebla, esa construcción de la destrucción, explica como pocas cosas qué nos pasa, nos ha pasado y nos seguirá pasando. Con El oro del Rin, la primera parte de las cuatro que lo componen, abren en el Teatro Real el director de escena Robert Carsen y el músico Pablo Heras-Casado este prólogo a una aventura de cuatro años consecutivos.

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