La familia de Palomo Linares, en pie de guerra por la herencia

Desde que José Lozano y su familia se fijaran en el arte de Sebastián Palomo Linares

(fallecido el 24 de abril de 2017) sobre los ruedos, la carrera del diestro jienense fue un no parar de éxitos y triunfos. Lozano fue su descubridor y, también, su maestro y persona de confianza para todo, hasta el punto de que Palomo siempre se encomendó a él y a sus hermanos para invertir las cuantiosas sumas de dinero que generó durante sus años en activo. No hay que olvidar que, en compañía de Manuel Benítez «El Cordobés», recorría todas las plazas de España, llenando los tendidos de aficionados y enfrentándose, en ocasiones, a otros empresarios taurinos. Incluso, Palomo montó una ganadería asociado con los Lozano, aunque finalmente se dividió cuando el torero decidió casarse con Marina Danko en 1977 y formar su propia familia. Había llegado el momento de separarse de sus socios y amigos, para evitar problemas en el futuro.

Pero los consejos y el apoyo de los Lozano jamás le faltaron. Eso explica que, en los momentos más duros, cuando necesitaba un capote, el diestro recurriera a ellos hasta el punto de que su célebre finca El Palomar, en Toledo y adquirida por el torero en 1981, hoy figura como propiedad de los hermanos Lozano (Pablo, José Luis y Eduardo), a pesar de que hasta el final de sus días fue su hogar, el paraíso donde crecieron sus hijos y donde, hasta ahora, ha compartido momentos de felicidad con Concha Azuara.

Tras su fallecimiento, el mediano de los hijos del diestro, Miguel, intentó comprar la finca. Una venta que ha abierto una brecha entre sus tres hijos: Sebastián,
Migue
l y Andrés, que desde hace años no mantienen ningún tipo de relación entre ellos. A pesar de que se desconoce el precio de la venta, la propiedad, que cuenta con cerca de 200 hectáreas, podría haber sido vendida por unos cuatro millones de euros. Sin embargo antes de la compra de Miguel, los otros dos hermanos se juntaron para adquirir el 70% de la vivienda con el objetivo de provocar una compra fallida por parte de Miguel a sus hermanos.

Como tantos toreros, hizo buenos y malos negocios, aunque lo cierto es que no había ninguna propiedad a su nombre. La herencia que dejó la conformaron sus cuadros y sus pertenencias personales, pues tampoco disponía de cantidades económicas abultadas en sus cuentas bancarias. Vivía muy bien, pero sin que existiera un millonario patrimonio ni grandes sumas de dinero.

Antaño, con sus primeros sueldos, el diestro adquirió una casa en Linares para sus padres, que después regaló a sus hermanos. Y el apartamento de la madrileña calle de Diego de León, donde se instaló Marina Danko tras el divorcio, figura a nombre de una sociedad que tiene su hijo Miguel. http://bit.ly/2FruBng Última Hora